¿Haz llegado a una entrevista de empleo y te rechazan porque no tienes experiencia previa? O en un intento por vender tu producto o servicio, haces tu presentación y llegando al final, cuando el cliente casi ha aceptado tu oferta, llega esa indeseable y molestosa pregunta para la que no tienes una respuesta clara: “¿Cuál ha sido tu experiencia en otros clientes? Esta es una de esas preguntas que todo joven cuestiona y se dice a sí mismo: “Si todos los trabajos piden experiencia, ¿quién me ofrecerá la primera oportunidad?
Pero, ¿que tal si la experiencia no juega a nuestro favor y lo que hace es obstaculizarnos y limitarnos para seguir adelante? Esta es la idea: hay personas que por su “excesiva experiencia” creen saberlo todo y no tienen la humildad de decidir empezar de nuevo o aceptar que necesitan aprender. Y chocan contra la pared al reconocer que el juego cambió.
Mientras leía el libro: “The Barefoot Executive: The Ultimate Guide for Being Your Own Boss and Achieving Financial Freedom” [enlace afiliado] meditaba en que vivimos en un mundo en cambios acelerados donde las reglas del modelo económico cambian casi a diario. En donde tener un empleo permanente ya no es una garantía de jubilación. En donde lo que hoy aprendemos tal vez estará obsoleto para la generación de nuestros hijos, o aún no se han inventado los productos o reglas de juego para sobrevivir en el tiempo en que les toque afrontar su vida adulta. En donde la experiencia previa no es suficiente para competir en el nuevo juego.
No quiero asustarte, por el contrario, a diferencia de la mentalidad fatalista de muchos o la paranoia de los corredores de la bolsa de valores, creo que se está levantando hoy mismo una generación, de la que somos parte, con muchos más recursos y herramientas que las que tenían nuestros padres. Obviamente nos enfrentamos a un mundo donde mucho más que tener o no experiencia lo que vale es nuestra habilidad para adaptarnos rápidamente a esos cambios. Esa adaptación produce temor y, como consecuencia, se produce una de dos posibles reacciones: enfrentarlo o huir. Es natural sentir temor pero el líder de esta segunda década es aquel reconoce los tiempos en que vivimos, se adapta rápidamente a ellos y lleva consigo a un grupo de soñadores que están dispuestos a ser también agentes de cambio. Es aquel que no solo se ajusta a los cambios, sino que produce y provoca los cambios. El nuevo líder viaja liviano pero nunca va solo a conquistar su destino.

Mientras leía el libro: “The Barefoot Executive: The Ultimate Guide for Being Your Own Boss and Achieving Financial Freedom” [enlace afiliado] meditaba en que vivimos en un mundo en cambios acelerados donde las reglas del modelo económico cambian casi a diario. En donde tener un empleo permanente ya no es una garantía de jubilación. En donde lo que hoy aprendemos tal vez estará obsoleto para la generación de nuestros hijos, o aún no se han inventado los productos o reglas de juego para sobrevivir en el tiempo en que les toque afrontar su vida adulta. En donde la experiencia previa no es suficiente para competir en el nuevo juego.
No quiero asustarte, por el contrario, a diferencia de la mentalidad fatalista de muchos o la paranoia de los corredores de la bolsa de valores, creo que se está levantando hoy mismo una generación, de la que somos parte, con muchos más recursos y herramientas que las que tenían nuestros padres. Obviamente nos enfrentamos a un mundo donde mucho más que tener o no experiencia lo que vale es nuestra habilidad para adaptarnos rápidamente a esos cambios. Esa adaptación produce temor y, como consecuencia, se produce una de dos posibles reacciones: enfrentarlo o huir. Es natural sentir temor pero el líder de esta segunda década es aquel reconoce los tiempos en que vivimos, se adapta rápidamente a ellos y lleva consigo a un grupo de soñadores que están dispuestos a ser también agentes de cambio. Es aquel que no solo se ajusta a los cambios, sino que produce y provoca los cambios. El nuevo líder viaja liviano pero nunca va solo a conquistar su destino.