¿Haz escuchado el refrán “si no tienes nada bueno que decir mejor no digas nada”? Una de las cosas que más me incomoda es escuchar hablar personas con el gran potencial de que sus palabras sean constructivas, esperanzadoras o educativas, pero terminan minando su mensaje porque su enfoque es buscar los defectos de otros.
Cuando tratas de llevar tu mensaje ridiculizando o menospreciando el trabajo que legítimamente hacen otros, tu mensaje pierde valor. En Proverbios 15:2 dice “La lengua de los sabios hace que el conocimiento sea atractivo,
pero la boca de un necio escupe tonterías.”
El silencio no es un signo de debilidad, por el contrario, muchas veces el silencio tiene el poder de restaurar, tocar vidas y traer esperanza. Permíteme aclararme. Creo que cuando se presenta una injusticia es momento de levantar un mensaje de indignación firme, claro y contundente. Sin embargo, cuando tenemos la confianza de que nuestro mensaje es poderoso, valioso y que provoca transformación, debemos hablar con la seguridad de que nuestros receptores recibirán herramientas para vivir una vida mejor. Cuando no tenemos esa confianza lo mejor es callar.
Los criterios a continuación podrían guiarte a identificar cuándo es el mejor momento para guardar silencio:

El silencio no es un signo de debilidad, por el contrario, muchas veces el silencio tiene el poder de restaurar, tocar vidas y traer esperanza. Permíteme aclararme. Creo que cuando se presenta una injusticia es momento de levantar un mensaje de indignación firme, claro y contundente. Sin embargo, cuando tenemos la confianza de que nuestro mensaje es poderoso, valioso y que provoca transformación, debemos hablar con la seguridad de que nuestros receptores recibirán herramientas para vivir una vida mejor. Cuando no tenemos esa confianza lo mejor es callar.
Los criterios a continuación podrían guiarte a identificar cuándo es el mejor momento para guardar silencio:
- Cuando desconoces la posición contraria.
- Cuando pudieras atender la situación en privado.
- Cuando sientes que tienes coraje o envidia.
- Cuando reconoces que tu intención es lastimar, no construir.